¡Ojo pues!
- Hablemos Copacabana
- hace 2 días
- 5 Min. de lectura
Yo aquí, en mi casa, viendo cómo en redes sociales se tratan de guerrilleros, de paracos y de tibios en tiempos de elecciones. Y más en medio de una polarización donde nadie respeta la diferencia de pensamiento; donde muchos señalan al otro para esconder sus propias culpas; donde algunos buscan más protagonismo que resultados.
En eso está convertida la política de hoy: en una carrera de influencers y no en una carrera de discursos y hechos influyentes.
Hoy vemos cómo algunas personas salen con la mano combativa, queriendo adoctrinar a golpes y mentiras, mientras otros se quedan callados viendo cómo muchos intentan llegar al poder para legitimar sus intereses en nombre del pueblo.
Yo, esta vez, estoy cansado de esto.
No, mentiras… hace mucho tiempo me cansé de la participación político-electoral y decidí hacerme a un lado, pero no muy lejos. De ahí surgió la idea de Hablemos Copa.
Y hoy, nuevamente, después de dejar a un lado muchas ocupaciones de la universidad, decido volver a empuñar el esfero y volver a escribir, porque esta polarización política no nos puede llevar otra vez a vivir épocas de masacres, persecuciones y estigmatización; épocas donde el poder militar era utilizado para lacerar al pueblo y no para protegerlo.
Voy a cumplir ya cuarenta y pico de años, y durante todo este tiempo nunca había visto que tantos jóvenes pudieran acceder a la universidad de forma gratuita.
Hoy veo muchas cosas con alegría y otras con profunda tristeza, pero no podemos negar que durante las últimas cuatro o cinco décadas hemos sido gobernados por personas que pensaron en su círculo primario y no en toda la comunidad; por personas que despojaron tierras asumiendo su rol como congresistas; por personas que enriquecieron a sus familias, no a costa del trabajo duro, sino a costa del erario público.
Sé que muchos amigos míos me condenarán, pero siempre pondré la cara, porque hoy no puedo caer en la parcialización de encasillarme en la derecha o en la izquierda porque ambas están a la extrema.
Yo soy pueblo.
Soy raza mestiza.
Soy diferente.
Soy feliz comiendo cosas que a otros no les gustan, hago cosas que a otros no les divierte, y por eso no debo condenar al otro; por eso aprendí que el primer valor es respetar la diferencia: la diferencia política y, sobre todo, la diferencia humana.
Porque esto ya no se trata de izquierdas ni de derechas. Esto se trata de que el Estado ejerza su política cumpliendo el Estado Social de Derecho consignado en la Constitución Política.
Yo voy más allá de ver noticieros y medios prepago que engañan a la comunidad para satisfacer las necesidades de sus clientes.
Hoy nuevamente escribo desde desde el cansancio de ver cómo colombianos se señalan entre sí; de ver que por más de cincuenta años hemos estado en una guerra injustificada, liderada por egos y por personas que no comprenden que el crecimiento de una nación debe darse desde la diferencia política, desde la diferencia humana y desde el reconocimiento de que todos somos distintos.
Unos dicen que nos vamos a convertir en Venezuela o en Cuba, pero yo, en estos cincuenta años hacia atrás, tampoco he visto cómo nos convertimos en Estados Unidos. Es más, ni siquiera le pisamos los talones en desarrollo a países como a Chile y Brasil.
Entonces, esos que nos han gobernado durante tantos años, ¿dónde han estado para convertir a Colombia en una verdadera potencia mundial?
Cuando yo era joven, si no tenías el promedio para ingresar a la universidad pública, simplemente no podías estudiar. Somos generaciones criadas por padres que se levantaron todos los días a luchar por un salario mínimo que durante años no cumplió las condiciones necesarias para que una comunidad pudiera gozar de muchos beneficios.
Entonces, no entiendo cuál es la pelea.
Mentiras… sí la entiendo.
La pelea es por el dominio de las arcas públicas, por el control del presupuesto, por manejar la fuerza pública, por usurpar tierras, por sostener todo ese entramado y mantener a la comunidad en zozobra mientras ellos disfrutan de la plata que le quitan a los narcos y de las propiedades administradas por la SAE.
Y sí, muchos hoy dicen que el país va por mal camino. Tampoco podemos decir que todo es color de rosa, porque no lo es. Pero hay algo muy importante: todos los sectores políticos deberían sentarse a reconocer sus problemas y sus fallas, porque desde ahí se construyen las soluciones; desde ahí nace el reconocimiento necesario para efectuar acciones que permitan llevar cambios reales a las comunidades.
Estoy cansado de esos discursitos de izquierda, de centro y de derecha, donde todos se creen los mejores y no lo son.
Muchos son una partida de acomodados que no buscan el diálogo, sino incitar; que no buscan la seguridad, sino provocar; que no están en campaña para administrar y darle un desarrollo integral al país, sino para tapar los huecos fiscales que durante muchos años han abierto financiando a los privados.
Unos se tildan de guerrilleros; otros, de paramilitares. Por ahí escuchaba a un difunto constitucionalista contar cómo, hace muchos años, los rojos se mataban con los azules: chulavitas contra Cachiporros.
Y hoy continuamos con ese mismo lenguaje de odio, señalando al otro por no pensar igual.
Y eso no tiene justificación.
Pero sí tiene un principio: la ignorancia política, el poco o nulo reconocimiento de nuestra historia y el dejarse convencer por una pantalla manipulada por medios prepago al servicio de fines politiqueros que no buscan el bienestar general, sino el bienestar de su familia y de su círculo cercano.
Porque, si ustedes leen un poco o buscan otros medios de información distintos a esos medios prepago, habrán visto cómo hoy avanzan procesos de restitución de tierras algo que antes no se daban. También habrán visto cómo han aparecido grandes terratenientes, hermanos, primos y familiares de reconocidos congresistas señalados como responsables de usurpaciones y desplazamientos de comunidades para quedarse con enormes lotes y beneficiarse de ellos.
Bandidos.
Y las preguntas, en medio de toda esta polarización, son:
¿Cuál de las y los candidatos verdaderamente presenta soluciones?
¿Cuál de las y los candidatos realmente conoce Colombia?
¿Cuál de las y los candidatos puede mirarnos a la cara y hablarnos con la sensatez y el criterio suficientes para manejar los hilos de una nación que se ha ido consumiendo lentamente bajo el discurso persuasivo de la narcoguerrilla, el narcoparamilitarismo, el narcotráfico y la corrupción?
Yo no le voy a decir por quién votar, porque no quiero cargar después con acusaciones y señalamientos cuando ese fulano o fulana la empiece a cagar.
Pero sí le puedo recomendar dos cosas para hacer una elección consciente:
La primera: saque el tiempo, lea y conozca por usted mismo el programa de gobierno. Lea cuáles son sus propuestas y, desde ahí, empiece a tomar su decisión.
La segunda: investigue la historia del candidato. De dónde proviene, quiénes son sus familiares, con quién se ha relacionado a lo largo de su vida, cuál ha sido su círculo cercano, cómo ha construido su patrimonio y, si ha desempeñado cargos públicos, cómo ha sido su gestión.
Ahí tendrá dos pautas suficientes para hacer una elección bajo su propio criterio y responsabilidad, para que después no le esté echando el agua sucia a nadie.
Ojo pues.
Como les dije en otro de mis escritos: los de izquierda me tratan de godo; los de derecha, de progresista. Cachiporro para unos, Chulavita para otros.
Pero ni mi pluma ni mi voz visten colores políticos acomodados.
Mi decisión fue empuñar el esfero, prender el micrófono y dañarles el guion.
Por Sebastián Sandoval. @Jsebassandoval












Comentarios