Hay realidades que únicamente se conocen cuando uno se pierde por las calles del municipio, cuando recorre las aceras de los barrios, cuando sube a las veredas y escucha a la gente hablar sin micrófonos, sin protocolos y sin miedo.
Hace varios días volvimos a rodar y a caminar Copacabana.
Caminarla de verdad.
Y en esos recorridos, entre conversaciones, silencios y esquinas, apareció una realidad que ya no se puede esconder debajo del cemento: el crecimiento descontrola